martes, 24 de noviembre de 2009

Traum

Abrió los ojos, exaltada. Aguantando la respiración y con los ojos sumergidos en horror, rápidamente posó sus manos en su pecho. Acto seguido, volteó a verlas. Estaban secas. Suspiró, aliviada.
Había sido una larga noche.
Sonrió con alivio, llevándose las manos frías y secas a los ojos empapados. Aquél sueño, aquella pesadilla, habría sido una dura realidad.
Se levantó.

Siguió el mismo recorrido que el día pasado, y que el milenio pasado, según le parecía. Decidió no tomar ese baño caliente que habría tomado cualquier otra mañana de Diciembre, y tan sólo enjuagarse la cara. Quería agua fría. De su cara escurría líquido de forma uniforme, creía sentirla tan fría que sus dientes chasquearon un par de veces antes de cerrar la llave. Tal vez éso podría quitarle la viva imagen que aún podía visualizar dentro de su mente. No era una imagen nueva. Y no era una imagen que quería volver a ver.

Tomó un trago de agua y pronto cerró los ojos del cansancio. No podía creer que después de tanto tiempo aquella imagen siguiera impregnada dentro de sí. Definitivamente se había convertido en parte de ella, y eso no lo podía aceptar; le repugnaba el simple hecho de recordarse frente al espejo aquella mañana de ¿Abril?, ¿Junio?, ¿Septiembre, acaso? Daba igual, y qué bien que no lo recordaba.
Fue en Noviembre.
Al menos así lo sintió aquella mañana.

Pensó un rato, mientras tomaba un pedazo de pan con mermelada, en lo que pudiera ser de ella en este momento si aquel pasado se hubiese convertido en su presente y futuro. Piel de gallina. Definitivamente prefería cerrar la puerta de su mente a aquellos pensamientos tan atroces, tan irreales y tan dolorosos. De pronto, escuchó algo a lo lejos del cuarto de huéspedes. Aquel sonido se infiltraba dentro de sus oídos y de su cuerpo cada vez más, dejándola en completa agonía. No paraba de sonar. No había nada más que aquel sonido irritante...

Abrió los ojos, exaltada. Con los ojos sumergidos en horror, rápidamente posó sus manos en sus oídos. Estaban ahí, completos, sin disturbios.

¿Qué acaso jamás dejaría de soñar?

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